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Psicología

3 Grupos de Edad más Propensos a la Soledad, Según un Neuropsiquiatra Geriátrico

La soledad ha sido responsable de 162,000 muertes de estadounidenses cada año, mucho antes de que el coronavirus llegara a EE.UU. La pandemia del COVID-19 y el necesario distanciamiento social han hecho que todos seamos muy conscientes del problema de la soledad. Sin embargo, la gente no se da cuenta de que la pandemia de comportamiento de la soledad ha estado con nosotros durante décadas, y sólo está empeorando.

¿Qué es realmente la soledad y cómo nos afecta?

La soledad no significa estar solo. Se refiere a la angustia subjetiva causada por la sensación de que la persona no tiene la compañía que desea. Es posible que uno no se sienta solo incluso cuando está solo, mientras que otra persona puede sentirse sola incluso estando en medio de una multitud.

Las personas que experimentan la soledad pueden sentir que se les deja de lado, que no tienen a nadie con quien hablar o que nadie les entiende. Otros síntomas asociados a la soledad son la angustia, la ansiedad, la infelicidad, la depresión, el miedo a salir, la reducción de la actividad física y, a veces, los problemas de sueño.

¿Cómo mata la soledad a decenas de miles de estadounidenses cada año? Aumenta el riesgo de padecer muchas enfermedades mortales, como las cardiopatías, la diabetes, la obesidad, la demencia y la depresión, con abuso de opiáceos y suicidios.

¿Cómo cambia la soledad a medida que se envejece?

Solemos pensar en la soledad como la aflicción inevitable del envejecimiento, pero la realidad es muy distinta. Según las investigaciones, la soledad, de moderada a grave, está presente a lo largo de toda la vida adulta (ningún grupo de edad es inmune), pero es especialmente intensa durante tres periodos de edad: a finales de los 20 años, a mediados de los 50 y a finales de los 80.

Las causas de la soledad son complejas y multifacéticas. Hay factores genéticos y otros biológicos. Pero también intervienen muchas variables sociodemográficas, como la capacidad de relacionarse con los demás y el estrés relacionado con las relaciones laborales o familiares. Dicho esto, la edad juega sin duda un papel importante.

A los 20 años.

Durante esta etapa, te enfrentas a la toma de múltiples decisiones que pueden afectar al resto de tu vida. Entre ellas, elegir un posible compañero de vida y formar una familia, establecerse en una ciudad o región determinada. Hay mucha presión de grupo, y a menudo sientes que te va peor que a tus compañeros. Las relaciones suelen ser cambiantes; las trayectorias profesionales están aún por determinar. Es una época de grandes expectativas y de mayor incertidumbre, lo que alimenta el estrés y pone a prueba la capacidad de recuperación. Inmersos en sus propios mundos, los veinteañeros pueden tener la sensación de que nadie sabe ni entiende por lo que están pasando.

A mediados de los 50.

A mediados de los 50, sin embargo, muchas de las primeras pruebas y tribulaciones de la vida se han resuelto. La gente se ha casado, ha formado una familia y ha establecido una carrera. Hay menos incertidumbre en esas esferas, pero una nueva angustia sobre lo que está por venir. Este es un periodo de la proverbial crisis de la mediana edad. Las mujeres experimentan la menopausia, y los hombres se enfrentan a la andropausia equivalentemente. Se está en la generación del sándwich, cuidando de los hijos y de los padres. Algunos amigos cercanos o miembros de la familia mueren, te diagnostican hipertensión o diabetes, y la mortalidad se convierte en una amenaza real.

Al final de los 80 años.

En este momento de la vida, la soledad puede ser simplemente el efecto ineludible de sobrevivir a tus compañeros, amigos y familiares. Te sientes solo porque muchos de los que te hacían sentir menos solo ya no están, y te das cuenta de que el tiempo se acaba. Le preocupan los olvidos y teme que pueda estar ya en los estertores de la enfermedad de Alzheimer.

¿Se puede hacer algo al respecto?

Existe un antídoto contra la soledad. Las personas consideradas sabias, según medidas empíricas como la Escala de Sabiduría de San Diego ((SD-WISE)), son mucho menos propensas a sentirse solas.

Y eso es una buena noticia, que se puede poner en práctica. Tras varias décadas de investigación, la sabiduría puede definirse científicamente como un conjunto de rasgos distintivos con correlación biológica en el cerebro. Estos rasgos incluyen la capacidad de regular las emociones, participar en la autorreflexión, ser compasivo, tolerar puntos de vista opuestos y ser decisivo cuando es necesario.

Estos rasgos no sólo se pueden medir, sino que son modificables; se puede ser más sabio más rápidamente. Y al hacerlo, te sentirás menos solo, ahora y en el futuro.

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