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Cómo Conseguir que los Niños (Hijos) te Escuchen, Obedezcan y Respeten

¿Te hacen caso tus hijos la primera vez que les pides que hagan algo? Si no es así, quizá tengas que seguir leyendo. Los niños escuchan de verdad cuando hay respeto mutuo entre tú y ellos. Te escucharán cuando sepan que cuando dices algo, lo dices en serio.

Aquí tienes diez consejos para que tus hijos te escuchen y te respeten.

1. Mostrar respeto mutuo

Puedes conseguir que los niños te escuchen exigiendo autoridad y gobernando con puño de hierro, pero ¿a qué precio? Puedes gritar y chillar a tus hijos para que se sometan y obedezcan, pero ¿a qué precio? El costo será tu relación con tu hijo a largo plazo, ya que se formarán resentimientos en ellos.

Si no muestras respeto por tus hijos, va a ser difícil que te hagan caso. Puede que obedezcan, pero si actúas como un tirano que exige que los niños hagan lo que tú dices porque eres el que manda, entonces estás librando una batalla perdida. La base de tu relación debe comenzar con el respeto. El respeto mutuo es la base de cualquier relación, incluida la relación entre padres e hijos.

2. Evita los gritos

Cuando los gritos y la dominación son los temas de la relación, se desarrollará un trasfondo de resentimiento en el niño. Nadie quiere sentirse dominado, ni quiere sentir que tiene menos valor que otra persona.

Hazle saber a tu hijo que lo valoras a través de interacciones respetuosas. Tú sigues siendo el padre, pero puedes criar y hacer que tus hijos te escuchen a través de una interacción respetuosa. Cuando utilizas métodos de crianza exigentes y autoritarios, estás socavando tu relación con el niño y es probable que se formen resentimientos.

Evita gritar para ganarte el respeto de tu hijo. Si vuelves a gritar y exigir, entonces estás minando tu capacidad de ganarte el respeto de tu hijo a largo plazo.

3. Utiliza la regla de oro

El respeto se basa en la regla de oro: trata a los demás como quieres que te traten a ti. Si quieres que tu hijo te respete, tú también debes tratarle con respeto. Esto significa hablar con tu hijo en un tono amable, genuino y considerado. Es cierto que esto no es fácil cuando tu hijo de cuatro años tiene una crisis en el pasillo 5 del supermercado y tú tienes muchos más recados que hacer, trabajo que hacer y no tienes tiempo extra. Se necesita práctica para criar a los hijos sin gritar ni exagerar las emociones.

Seguimos siendo personas y nos enfadamos con nuestros hijos. Sin embargo, tenemos que tener en cuenta que ellos están aprendiendo y nosotros tenemos muchos más años de práctica en estas cosas. Hay que mantener la calma y la autoridad en la crianza de los hijos.

¿Cómo quieres que te hablen cuando tienes un mal día y tienes ganas de explotar? Así es como debes hablarle a tu hijo que tiene una crisis y que obviamente está teniendo un mal día. La amabilidad, el amor y el respeto, cuando se combinan con la autoridad, crearán una relación en la que tu hijo te escuchará y respetará. Trátales como quieres que te traten a ti.

4. Asegúrate de que tus palabras tengan consecuencias

Sabemos que el respeto mutuo es el primer paso para conseguir que nuestros hijos nos escuchen. Este respeto les ayudará a estar abiertos a lo que tenemos que decir. Si sienten que son importantes porque usted los respeta, entonces desarrollarán respeto por usted. Esto ayudará a la hora de disciplinar a tu hijo.

El segundo paso es asegurarse de que “nuestras palabras tengan consecuencias”. Cuando se trata de disciplina, tus palabras deben tener peso. Si dices que vas a hacer algo, “debes hacerlo”.

Por ejemplo, si le pides a tu hijo que deje de saltar en el sofá mientras estás haciendo un trabajo en la computadora y sigue saltando, hazle saber que si no deja de hacerlo, lo castigarás. Es una historia real, esto acaba de suceder. Se detuvo. ¿Por qué paró? Porque sabía que lo que decía iba en serio. Si no paraba, sabía que eso significaría un castigo inmediato, no una advertencia adicional.

Se lo pedí con voz calmada mientras le miraba a los ojos, haciéndole saber que hablaba en serio. Él también sabe que hablo en serio porque ya tiene seis años y ha experimentado un seguimiento constante de los castigos durante años. No le pido lo mismo varias veces. Tampoco hago amenazas. Cuando mi hijo no sigue las instrucciones y las peticiones, aplico castigos razonables.

5. Evita las grandes amenazas

He visto a padres hacer grandes amenazas, pensando que cuanto mayor sea la amenaza, más probable será que el niño deje de comportarse mal. Esto no es razonable, ni es una buena idea. Las grandes amenazas que no se cumplen hacen que tus palabras carezcan de sentido.

Por ejemplo, si le hubiera dicho a mi hijo que iba a tirar sus juguetes a la basura si no dejaba de saltar en el sofá, no habría sido razonable. Tirar los juguetes que cuestan un poco de dinero como consecuencia de una pequeña infracción (saltar el sofá mientras estoy trabajando) no es razonable. Si siguiera golpeando el sofá, ¿qué haría yo? No sería realista tirar los juguetes.

Por lo tanto, muchos padres en este caso siguen haciendo la misma amenaza sin ningún seguimiento real. Las amenazas continúan porque el comportamiento sigue e incluso se intensifica (es decir, los saltos en el sofá son cada vez más fuertes) y, finalmente, el padre debe tirar los juguetes y/o recurrir a un castigo diferente para detenerlo.

Esto podría haberse evitado si se hubieran establecido consecuencias realistas y se hubieran cumplido la primera vez. A menudo le quito a mi hijo el tiempo de uso de la tableta. Evito hacer grandes amenazas que no puedo cumplir en conciencia. Esto me ayuda a largo plazo, porque cuando doy consecuencias razonables, puedo cumplir fácilmente con el castigo en ese momento y no sentirme mal.

Evita hacer grandes amenazas que no puedas cumplir en conciencia. En lugar de eso, proporciona consecuencias con advertencias y asegúrate de que el castigo sea digno de la conducta. Las pequeñas infracciones deben tener pequeñas consecuencias. Las grandes infracciones requieren consecuencias más serias. No te acostumbres a hacer grandes amenazas de grandes consecuencias que en realidad no puedes hacer cumplir.

6. Seguimiento

Un método de crianza en el que un padre cumple con sus consecuencias inmediatamente se llama “enfoque de una sola pregunta”. En este método, el padre pide a su hijo que haga algo una sola vez. Si no lo hace, el padre le da una consecuencia si no hace lo que se le pide.

Por ejemplo, si le pides a tu hijo que ponga los platos en el fregadero pero no se levanta y empieza a hacer la tarea, entonces el padre puede hacerle saber la consecuencia si no cumple con lo que se le pidió. Si no guardan los platos, perderán media hora de televisión. No reciben tres advertencias, ni siquiera dos. Una advertencia es todo lo que se proporciona. Si no siguen las instrucciones, se les aplica la consecuencia.

En este ejemplo, si el niño no guarda sus platos después de la advertencia, entonces el padre sigue y dice “Lo siento, pero ahora has perdido la mitad de tu tiempo de televisión por esta noche”. A continuación, el padre no debe permitir que el niño vea la televisión y puede sugerirle que lea libros o juegue al aire libre en su lugar. Este método le ayudará a ser padre con coherencia.

7. Presta toda tu atención

Cuando hables con tu hijo, míralo a los ojos y préstale toda tu atención. Este enfoque es mucho más fructífero para conseguir que tu hijo te escuche que una atención parcial y distraída.

Un ejemplo: si un padre está jugando con su teléfono y grita a través de la habitación para que su hijo vaya a hacer los deberes, la interacción es menos significativa que si le pide cuando estén cara a cara. Si el padre deja el teléfono y se acerca a su hijo, le mira a los ojos y le dice: “es hora de dejar de ver la televisión por ahora y hacer los deberes, puedes verlos cuando termines”, es mucho más probable que sea fructífero porque se le presta toda la atención.

Prestar toda la atención a tu hijo con contacto visual e interacciones cara a cara le muestra que te importa y que te tomas en serio lo que dices. Esto contribuirá en gran medida a que tu hijo escuche y responda a lo que tienes que decir.

8. Demuestra una atención genuina

Demostrar que te importa es muy significativo para cualquier niño. Tu hijo necesita saber que te preocupas por él. Tus palabras, tus acciones y tu tono de voz demuestran que le importas. Si te importa, asegúrate de demostrarlo.

Por ejemplo, si quiero que mis hijos pongan la mesa para cenar, gritarles diciendo “ya saben que es la hora de cenar, deberían haber puesto la mesa hace cinco minutos” no será tan productivo como hacer una declaración cariñosa. Esa frase cariñosa podría ser “haces un gran trabajo poniendo la mesa. Es tan agradable trabajar juntos, conmigo haciendo la comida y tú poniendo la mesa para que podamos disfrutar del tiempo juntos cada noche. ¿Puedes poner la mesa en los próximos quince minutos antes de cenar?”. Esto aumentará enormemente las probabilidades que tu hijo te obedezca.

Demostrarle a tu hijo que te preocupas por él te ayudará a construir una relación positiva, y tu hijo estará más dispuesto a escucharte y respetarte. Tus palabras y acciones en tu interacción diaria mostrarán que te preocupas de verdad por tu hijo.

9. Demuéstrale que lo valoras

Darle a tu hijo toda tu atención también le demuestra que te importa y que lo valoras. Todo el mundo quiere sentirse valorado. Nuestros hijos deben sentir siempre que los valoramos.

Algunas formas de prestarle atención a tu hijo y demostrarle que se le valora son las siguientes:

  • Elogia a tu hijo.
  • Dale afectos físicos, como abrazos.
  • Muestra interés por sus actividades.
  • Ponte a su nivel cuando hables con él.
  • Mantén el contacto visual y sonríe al interactuar.
  • Dale una respuesta positiva en sus interacciones diarias.
  • Apóyale en la realización de actividades cotidianas (por ejemplo, ayuda a tu hijo a atarse los zapatos y enséñale al mismo tiempo que aprenda esta tarea).
  • Fortalece a tu hijo con mensajes positivos.
  • Tranquiliza a tu hijo cuando tenga miedo.
  • Apoya a tu hijo cuando esté molesto.
  • Dedica tiempo a pasar con tu hijo uno a uno todos los días.
  • Responde a tu hijo cada vez que te hable (no lo ignores).
  • Pregunta a tu hijo sobre su día con preguntas significativas y abiertas.

Según el artículo La Atención Positiva y su Hijo (Positive Attention and Your Child):

“Desde que nacen, los niños necesitan experiencias y relaciones que les muestren que son seres humanos valiosos y capaces que proporcionan placer a los demás. La atención, las reacciones y las respuestas positivas de los adultos clave ayudan a los niños a construir una imagen de lo valorados que son”.

A los niños hay que decirles y demostrarles que se les valora. Lo que decimos y cómo actuamos con nuestros hijos debe hacerse de manera que se sientan valorados constantemente. Esto ayudará a construir una relación en la que la escucha y el respeto van en ambas direcciones.

10. Sé un buen modelo a seguir

Para conseguir que tus hijos te escuchen y te respeten, debes ser también un buen modelo digno de respeto. Los niños observan a sus padres y cuidadores y, por tanto, imitan su comportamiento.

Un ejemplo: si usted se opone sistemáticamente a las figuras de autoridad y no sigue las normas o las leyes, su hijo lo observará y aprenderá de usted. Aprenderá que no tiene que escuchar ni respetar a las figuras de autoridad. Sé un ejemplo que enseñe a tu hijo a escuchar y a respetar a los demás mediante tu propio comportamiento y tu modelo.

El resultado final

Lo esencial para enseñar a los niños a escuchar y respetar es tratarlos con respeto y cumplir con las consecuencias. Tus palabras deben tener peso, y esto sólo ocurre cuando eres coherente con tu seguimiento. Tratar a tu hijo con amor, respeto, atención y afecto es importante para crear una relación en la que quiera escucharte y respetarte mutuamente.

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