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Amistad Parejas

Cómo Ayudar a tus Amigos con su Vida Amorosa (de Pareja), sin Agotarse

Las amistades que nos apoyan son un salvavidas para muchos de nosotros, especialmente cuando nos enfrentamos a diversos retos en nuestra vida amorosa. Los amigos nos proporcionan la perspectiva que tanto necesitamos cuando analizamos en exceso, nos ofrecen seguridad cuando nos sentimos inseguros y nos refuerzan cuando otros nos decepcionan. Y estamos dispuestos a ayudarnos mutuamente con nuestros problemas de pareja porque el apoyo mutuo es esencial para una amistad fuerte y sana.

Pero a veces, podemos sentir que la ayuda que ofrecemos no es suficiente, no satisface o no ayuda a nuestros amigos. Por mucho que lo intentemos, el tiempo y la energía que invertimos no consiguen mejorar la situación y agotan los recursos que necesitamos para nuestro propio bienestar. Tal vez nos quedamos hasta muy tarde al teléfono con nuestros amigos angustiados cada noche, cancelamos nuestras citas para estar disponibles cada vez que surge una crisis, o nos invertimos en un plan de acción que ellos se niegan a adoptar. Puede que nuestro empeño en arreglar sus vidas amorosas incluso cree discordia en las relaciones con los mismos amigos a los que intentamos ayudar.

Debido a estas dificultades, debemos establecer límites y ofrecer a nuestros amigos un apoyo significativo. Los límites nos permiten prestar atención a nuestros propios sentimientos, limitaciones de tiempo y niveles de energía para asegurarnos de no acabar frustrados, decepcionados y alejados de nuestros amigos. Afortunadamente, podemos ser conscientes tanto de nuestras necesidades como de las de nuestros amigos haciendo algunos ajustes en nuestra forma de responder:

1. Ser un buen oyente.

En muchas situaciones, esto es lo que una persona quiere: que alguien le escuche. Quieren un espacio para decir lo que necesitan y que otra persona les escuche con precisión y empatía. Podemos ser buenos oyentes haciendo saber a nuestros amigos que les escuchamos y que entendemos lo que dicen. Por ejemplo, podemos resumir sus frustraciones con una frase como: “Dices que estás cansado de hacer todo el trabajo en tu relación” o “Parece que necesitas un descanso”. Al escuchar con empatía, honramos sus sentimientos sin transmitir lástima o consuelo. Permitimos que se sientan escuchados y comprendidos a la vez que nos abstenemos de enredarnos en su drama personal.

2. Abstenerse de dar consejos.

Dar consejos es complicado. Al dar consejos, impedimos que nuestros amigos indaguen en su interior y descubran lo que es verdadero para ellos. Y dar consejos puede ser contraproducente. Nuestros amigos pueden volver y decirnos: “Hice lo que me dijiste que hiciera y tuvimos una horrible pelea” o “Hice lo que me sugeriste. Volvimos a estar juntos, pero no estoy seguro de querer estarlo”.

Cuando nuestros amigos piensan en lo que quieren hacer con sus relaciones, pueden preguntar: “¿Qué harías tú?”. Cuando decidimos responder a esa pregunta, hacemos bien en decir: “Probablemente, yo (rellena el espacio en blanco), pero eso es cosa mía, no tuya. Estoy aquí para ayudarte a saber qué es lo correcto para ti”.

Cuando ayudamos a nuestros amigos a evaluar lo que es mejor para ellos en lugar de decirles lo que creemos que deben hacer, aumentamos la probabilidad de que estén más contentos con los resultados.

3. Pregúntales: “¿Qué quieres hacer con la relación?”

Una forma de apoyar a tu amigo mientras resuelve su problema sin darle consejos es animarle a que proponga algunas de sus propias ideas.

Si exclama: “¡No sé qué hacer!”, puedes decir: “Parece que no estás preparado para hacer algo con tu relación. No pasa nada. ¿Qué te haría feliz? ¿Qué te dice tu instinto?”.

A continuación, puedes ayudarles a imaginar varios resultados. Pídeles que piensen en sus opciones y hazles preguntas como: “¿Cómo funcionaría eso?” o “¿Cómo te sentirías con eso?”.

De este modo, podemos ayudar a nuestros amigos a hacer su propia reflexión y planificación de la acción.

Si empiezan a desesperarse, puede que tengamos que recordarles que miren lo que sí pueden controlar. A menudo, en las relaciones amorosas, las cosas son especialmente complicadas porque algunos de los problemas residen en la otra persona o no están bajo nuestro control (como el estilo de personalidad de la pareja o la forma en que gasta su dinero). Teniendo esto en cuenta, queremos animar a nuestros amigos a centrarse en cómo pueden cambiar su propio enfoque y no en cómo cambiar a la otra persona de la relación.

4. Centrarse en otros temas de conversación.

Cuando nuestros amigos nos llaman disgustados por sus relaciones amorosas, es difícil hablar de otra cosa. Eso es lo que les preocupa. Pero aunque queramos ayudarles, no queremos unirnos a ellos en sus cavilaciones (reflexión profunda y minuciosa). Para establecer límites sanos, puedes sugerir: “¿Qué tal si hablamos un rato de ti y de tu relación, y luego hablamos de lo demás que pasa en nuestras vidas? Alejarte de esa situación podría hacerte bien, y me encantaría saber más sobre tu nuevo trabajo”.

O tal vez quieras dejar de hablar o enviar mensajes de texto y salir a dar un paseo juntos, encontrar un nuevo lugar al aire libre para explorar, o probar un nuevo restaurante o cafetería. Podéis encontrar formas de cambiar de escenario, de cambiar el diálogo y de cambiar la energía para que se centren en otras cosas que no sean los problemas de la relación.

No evitamos nada al cambiar de marcha, sino que elegimos formas saludables de calmar los pensamientos y sentimientos molestos y de reconectar con nuestros amigos.

5. Deja de hablar cuando lo necesites.

Cuando empieces a sentirte fatigado por los problemas de relación de tus amigos, debes notar esos sentimientos y responder a ellos. Puedes decir: “Tengo que ir en 15 minutos”. O si te llaman y no puedes hablar, puedes decirles: “Hoy puedo hablar más tarde, pero ahora no”.

La amistad no significa que tengamos que estar siempre disponibles para la otra persona. Más bien, significa que nos valoramos mutuamente, respetamos la vida del otro y nos comunicamos lo que funciona mejor para cada uno de nosotros. Cuando nos ocupamos de nosotros mismos -en este caso, hablando cuando tenemos tiempo y energía para ello- podemos escuchar con empatía y comprometernos de forma significativa con nuestros amigos.

En Conclusión.

Todos necesitamos amigos de confianza en los que confiar cuando nuestras relaciones presentan problemas. Intercambiar ideas puede ayudarnos a elegir el mejor curso de acción, recalibrar nuestras respuestas y reevaluar nuestras propias necesidades y deseos. Y cuando podemos ofrecer apoyo sin agotarnos, podemos dar a nuestros amigos la mejor ayuda que podemos ofrecer, lo que a su vez profundiza nuestra amistad con ellos.

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