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8 Frases que los Padres Nunca Deben Decir a sus Hijos

No nos equivoquemos: aunque la crianza de los hijos es uno de los retos más gratificantes que se pueden emprender como adultos, también es uno de los más difíciles. Al fin y al cabo, como padres solemos estar preocupados por los requisitos prácticos de la crianza de los hijos, como crear un hogar seguro, duradero y asegurar el futuro de nuestros hijos desde el punto de vista económico.

Sin embargo, esto puede hacer que perdamos de vista las necesidades emocionales de nuestros hijos, lo que a su vez puede tener un efecto perjudicial en su desarrollo y bienestar mental. Más concretamente, podemos decir inadvertidamente cosas que tienen un impacto negativo en la mente de los niños, cultivando problemas a largo plazo como la baja autoestima, la disminución de la confianza y un sentido malsano de la competitividad.

Con esto en mente, aquí hay 8 frases que los padres nunca deben decir a sus hijos durante su desarrollo.

1. “No hagas que me avergüence de ti”.

Empecemos por las frases que giran en torno al fenómeno de la zanahoria y el palo, que los padres utilizan sin pensar para solicitar un buen comportamiento o desalentar las travesuras. Sin embargo, al utilizar frases extremas y emotivas como “no hagas que me avergüence de ti”, corres el riesgo de herir emocionalmente a tu hijo y dificultar su capacidad para procesar tanto los elogios como las críticas constructivas.

Los niños que escuchan esta frase también son propensos a buscar constantemente la aprobación a los ojos de los demás, y esto puede generar problemas importantes cuando intenten establecer relaciones románticas en la vida posterior.

2. “Te prometo que este año nos iremos de vacaciones”.

A la inversa, puede ser igualmente perjudicial ofrecer recompensas a los niños, para luego retirarlas sin previo aviso o sin una razón justa. Esto puede crear problemas de confianza entre usted y sus hijos, y también puede impedir que establezcan vínculos con otros adultos en posiciones de autoridad.

Por supuesto, los padres pueden argumentar que las limitaciones económicas les impiden reservar las vacaciones previstas, pero siempre es mejor buscar una alternativa asequible que incumplir su promesa por completo. Esta es siempre una opción, como se puso de manifiesto tras la Gran Recesión, cuando las ventas de autocaravanas se dispararon al acudir los clientes en busca de alternativas cuando el coste de los viajes al extranjero se hizo prohibitivo.

Por encima de todo, recuerde la importancia de una promesa en la mente de un niño, y si se requiere un compromiso, explíquelo con detalle antes de proceder.

3. “Cuando tenía tu edad, me iba muy bien”.

A los ojos de los niños menores de seis años, los padres son percibidos como dioses y no como simples mortales. El hecho de que te coloquen en un pedestal de esta manera añade gravedad a todo lo que dices, mientras que la dinámica de las relaciones que establecen con los demás también está muy influenciada por las frases y afirmaciones que utilizas.

Si, por ejemplo, te refieres constantemente a tus propios logros cuando eras niño, puedes estar fomentando un sentido malsano de la competitividad en tus hijos y creando una mentalidad infantil que está desesperada por validar su autoestima. Aunque esto no es necesariamente perjudicial durante la infancia, adquiere una forma más siniestra más adelante en la vida, ya que anima a las personas a perseguir objetivos para complacer a los demás en lugar de la gratificación personal. Esto puede conducir a la infelicidad a largo plazo e impedir que sus hijos disfruten de una vida plena y satisfecha.

4. “Los otros niños han obtenido mejores resultados que tú en ese examen”.

Del mismo modo, comparar el nivel de rendimiento de tu hijo con el de sus compañeros puede tener un impacto muy perjudicial en su capacidad para establecer relaciones con personas de su misma edad. En lugar de ver el valor de la amistad y la formación de vínculos, es más probable que vean a sus compañeros como competidores a los que hay que superar en cada oportunidad.

Esto no sólo dificulta su desarrollo social, sino que también repercute en la forma en que son percibidos por los demás. Y lo que es aún más preocupante, el proceso de comparar a los niños negativamente con sus compañeros también puede crear problemas de autoestima en la vida posterior, así como una tendencia innata a validarse en función de las acciones de los demás.

5. “No crecerás fuerte si no te comes toda la comida”.

Esta es una frase común y a menudo lúdica, que es bien intencionada pero puede tener un impacto negativo en los niños. Al fin y al cabo, es mucho más probable que los trastornos alimentarios y las fobias en torno a ciertos alimentos surjan durante la infancia, en ocasiones como resultado de un trauma, pero más comúnmente a través de las proyecciones subconscientes de los padres.

En este caso, se está utilizando una forma de manipulación para lograr un resultado deseado, y esto puede hacer que los niños pongan demasiado énfasis en la importancia de la comida y en las consecuencias de no comer ciertos manjares. En su lugar, es mucho mejor animar a los niños a comer alimentos específicos articulando sus beneficios para la salud, o alternativamente hacer el proceso de comer más atractivo y un poco menos serio.

6. “Eres igual que tu padre (o tu madre)”.

Ahora la frase de impacto depende en gran medida de su pronunciación, aunque como regla general debes evitar decirla a toda costa. Aunque la frase se repita en broma, puede crear connotaciones negativas en la mente de un niño y hacer que tenga una visión poco favorable de los rasgos que comparte con un determinado progenitor.

Esto puede crear distancia entre usted y su hijo, pero no es nada comparado con el impacto de esta frase cuando se pronuncia con ira. En este caso, estás presentando una clara señal de que estás descontento con tu relación, lo que desestabiliza al niño y lo involucra inadvertidamente en un conflicto parental. Además, su hijo puede convertirse en un desahogo subconsciente de su angustia y frustración, lo que a su vez disminuye su autoestima y crea una distracción no deseada en la escuela.

Teniendo esto en cuenta, esfuércese por evitar las comparaciones poco halagüeñas entre su hijo y su pareja y, en su lugar, enmarque sus críticas de forma constructiva sin referirse a nadie más.

7. “No quiero oír ni una palabra más de ti”

Claro que los niños pueden ser revoltosos y bulliciosos, y como padre es tu trabajo gestionar su comportamiento según la situación. A la inversa, los padres no deben crear límites que impidan a sus hijos expresarse, ni intentar frenar la picardía natural que suele ser un signo de inteligencia o creatividad.

Al decirle a tu hijo que no quieres oírle más, independientemente de las circunstancias, estás sugiriendo, sin saberlo, que su presencia no es bienvenida en tu vida. En la mente en desarrollo de un niño, esto tiende a engendrar sentimientos de culpa e inadecuación, ya que puede resultarles difícil distinguir entre los caprichos de las palabras y la forma en que se utilizan. En lugar de utilizar un lenguaje tan duro y cortante, deberías centrarte en tu tono cuando le digas a tu hijo que se calle y enmarcarlo como un tiempo real en lugar de una instrucción abierta.

8. “Si haces esto por mí, te querré siempre”.

El problema con esta frase es obvio de detectar, ya que se supone que los padres deben amar a su hijo de forma eterna e incondicional. Este tipo de frase, aparentemente inocente y juguetona, sugiere en realidad que el amor de un padre está condicionado a tu comportamiento y al cumplimiento de sus deseos, y esto puede tener enormes implicaciones cuando tus hijos crezcan e intenten formar relaciones adultas.

Esta frase, cuando se utiliza a lo largo del tiempo, también condiciona a los niños para que se conviertan en personas complacientes, ya que dejan de lado sus propios deseos para satisfacer a los demás sin importar las circunstancias. Este riesgo debe ser anulado a toda costa, ya que si bien debe recordar siempre a su hijo que le quiere, también debe aclarar el hecho de que esta emoción es incondicional y no guarda relación alguna con su comportamiento o sus valores.

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